¿Por qué se necesitan directivos líderes en las universidades?

 

 

Marzo 9/15 Jorge Yarce ha sido profesor universitario por más de 40 años, ex-rector y autor de 28 libros relacionados con ética, liderazgo y valores, y hace pocos días lanzó El Observatorio de la Ética-www.laetica.com- el primer portal colombiano especializado en analizar noticias, indicadores y opiniones relacionadas con las conductas que afectan la convivencia en los más diversos sectores sociales, entre ellos la educación. 

Al respecto, señala cómo hace falta liderazgo en los directivos educativos colombianos para pensar en un proyecto de universidad al servicio del país más allá de las aulas y centrado en el desarrollo de las personas, en vez de la construcción de edificios.

La siguiente es la entrevista del Observatorio de la Universidad Colombiana:

¿Cómo ve usted el liderazgo de la universidad colombiana?

Jorge Yarce (JY): Sinceramente lo que veo es una falta de liderazgo en la universidad y de la universidad. Es lo mismo que vemos en la sociedad, pues al fin y al cabo lo que pasa en ella se refleja en la educación. Lo vemos todos los días en la política, llena de personajes cuyo interés está centrado en la lucha por el poder y en sí mismos, completamente polarizados y enredados en disputas ridículas, ajenas al bien común. No es que no sean, muchas veces, individuos inteligentes y capaces. Es que no ejercen una influencia ejemplar y transformadora, que lleve a Colombia a nuevos horizontes de desarrollo integral. Aquí sólo se habla del proceso de paz, como si fuera la tabla de salvación, y a la hora de la verdad no se sabe lo que de ahí pueda salir. No podemos ser monotemáticos. No hay nadie pensando con visión y creatividad en el largo plazo del país, y eso es tarea propia de los líderes y muy especialmente de la universidad que, dicho sea de paso, ha sido la gran ausente del proceso de paz.

¿Entonces, es un problema de falta de rectores líderes?

con ganas de hacer las cosas bien. Pero tal vez se dedican demasiado a su propia universidad y no sacan la cabeza de ella para mirar lo que pasa en la sociedad, y para hacer que en la universidad pasen ciertas cosas que deberían pasar, sobre todo contar con
instituciones con mayor pertinencia y un liderazgo social más patente y efectivo. Ellas tienden a ser muy individualistas. No hay una empatía gremial fuerte. ASCUN no ejerce el papel que debería y se ha venido debilitando. Si no hay quien piense en el bien de todas, si no hay una mentalidad compartida por todas, sean privadas o públicas, se deja de tener una vocería solidaria y entonces cada uno va a lo suyo. Si esto consiste en dedicarse a mejorar la calidad, a formar profesionales que sean buenos ciudadanos, que contribuyan eficazmente al progreso del país, está muy bien. Pero si es para dedicarse a incrementar alumnos a costa de la calidad, a promover todo tipo de actividades para mejorar los ingresos descuidando las actividades misionales, es decir a cuidar el negocio, eso ya es otra cosa; eso no tiene que ver con el liderazgo de que hablamos; eso lo hace un buen administrador.

Si hay gente buena, en las universidades, como usted dice, ¿qué habría qué hacer para que haya más liderazgo?

JY: Cuando hablo de liderazgo de los rectores, debe entenderse que no pienso sólo en los rectores individualmente. Hay rectores líderes, pero no tanto equipos directivos líderes en las universidades. Esto no es lo mismo que la suma de individualidades exitosas. El equipo líder se construye y tiene objetivos propios porque piensa institucionalmente, trabaja en unidad profunda en torno a la identidad institucional, parte del proyecto compartido, trasciende los objetivos individuales, conjuga el nosotros y trabaja permanentemente en equipo, que no quiere decir vivir reunidos a toda hora. Es mover eficazmente la organización desde la cabeza, donde el todo no es suma sino integración superior. Es un liderazgo que se aprende, que no depende solo de un carisma, de la persuasión o de unas condiciones personales extraordinarias o especiales del rector. Existe el potencial para lograrlo pero requiere una manera de “pensar colectivamente” desde la dirección, por decirlo así, lo cual canaliza y orienta los esfuerzos de todos para que vuelvan realidad los objetivos comunes. Es atender a las necesidades de la sociedad a través del logro de la misión institucional, lo cual demanda no sólo formar profesionales aptos para el empleo sino gente a la que le quepa el país en la cabeza y e el corazón, que sean promotores del bien común.

¿Podría señalar algunas líneas de trabajo para lograr equipos directivos líderes en la universidades?

JY: Primero que todo conocer bien el contexto ético-social en que se realiza la tarea de la universidad. Así como existe una economía globalizada, unos condicionamientos externos cada vez más poderosos, que si no se tienen en cuenta hacen fracasar los esfuerzos de una empresa, en la educación superior es importante saber en qué tipo de sociedad nos movemos para poder definir qué tipo de educación ofrecemos. Aunque los ideales básicos de la universidad siguen siendo los mismos, con eso solo no se puede vivir hoy en día. Por poner un ejemplo: una sociedad marcada seriamente por el consumismo y el individualismo, requiere propuestas formativas que partan de conocer bien esos fenómenos y las macro tendencias de las organizaciones y de la educación en particular, para poder dar respuestas claras a esos retos. Podría mencionar otras líneas de trabajo: fortalecer el auto liderazgo de los integrantes del equipo directivo; examinar a fondo la propia cultura y las competencias específicas del liderazgo universitario; revisar los estilos de dirección y liderazgo acordes con el modelo de universidad que se quiere poner en práctica; revisar herramientas fundamentales de toma de decisiones, de comunicación y de ejercicio de la autoridad; identificar los nuevos valores sociales y culturales que conviene incorporar; pensar en cómo ejercer un liderazgo basado en valores, etc.

Entonces, ¿qué tipo de liderazgo requiere hoy la educación superior?


JY: Un liderazgo con una mayor visión de futuro, mucho más centrado en el desarrollo de las personas que en contar con edificios y equipos de informática, o en resolver el problema del inglés; más centrada en el aprender a pensar y aprender a crear que en acumular conocimientos representados en un título; que eduque para la excelencia en el servicio más que para el beneficio o el éxito económico; un liderazgo innovador y proactivo que enseñe a plantear interrogantes no sólo a memorizar respuestas; un liderazgo trascendente, que va más allá del yo hacia el nosotros, hacia el bien común y hacia la solidaridad.

¿No es utópico hablar de un liderazgo así en una sociedad tan convulsionada?

JY: En absoluto. Eso es lo que hace más falta que nunca, aunque pueda parecer a algunos una utopía. No se trata de discutir sobre teorías de liderazgo, sino de un liderazgo universitario en acción, a la altura de los desafíos de la época que vivimos. La tentación es llamarla época del postconflicto, pero eso no puede estar atado a esa circunstancia. Es ofrecer respuestas válidas a la acusación de que la universidad ha vivido de espaldas a la sociedad. Y convertir la situación actual en una oportunidad maravillosa de cambio y transformación cuyas bases urge poner cuanto antes. No es arrancar de cero, ni tampoco hablar de revolución universitaria. No, es simplemente pensar que la respuesta al cambio está dentro de la universidad, en su grupo humano directivo, con todas sus fortalezas y debilidades, pero buscando una transformación de conducta en los hábitos de dirigir las instituciones, sin pensar en que eso dependa del gobierno, de las políticas educativas o del cambio político o legislativo. Es descubrir que las universidades pueden ser auténticos motores de cambio si la gente que las dirige responde a la llamada del liderazgo que le plantea la sociedad.

Fuente: El Observatorio de la Universidad Colombiana Marzo 9/15

 

 

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